
Caudal extraordinario del río Iguazú obligó a clausurar preventivamente los accesos al Circuito Garganta del Diablo.
La fuerza desatada del fenómeno climático El Niño en el tramo final de octubre de 2026 ha ofrecido en el noreste argentino una demostración contundente de cómo las anomalías atmosféricas globales alteran en cuestión de horas la geografía, la infraestructura vial y la vida cotidiana de regiones enteras. En el Parque Nacional Iguazú, las autoridades ambientales y la empresa concesionaria se vieron obligadas a disponer el cierre preventivo de dos de los recorridos más emblemáticos del complejo turístico: el Circuito Garganta del Diablo y el Circuito Superior. La decisión respondió a una crecida extraordinaria y repentina del río Iguazú, cuyo volumen de agua superó en once veces su media histórica tras las intensas lluvias registradas en la alta cuenca, transformando los saltos en una gigantesca masa marrón de potencia incontrolable.
Los registros técnicos relevados por los equipos de monitoreo hidrológico al comenzar la semana reflejan la magnitud de un evento extremo. Mientras que el caudal habitual de las Cataratas del Iguazú ronda los mil quinientos metros cúbicos por segundo en condiciones normales, las mediciones oficiales marcaron durante la mañana del lunes un flujo sostenido de 16.400 metros cúbicos por segundo, tras haber alcanzado durante la madrugada un pico impresionante de 17,7 millones de litros de agua por segundo cayendo por los despeñaderos. Desde la intendencia del Parque Nacional explicaron que la clausura temporal de las pasarelas superiores resulta indispensable para garantizar la seguridad de los visitantes y de los guardaparques ante el ascenso constante de las aguas y el arrastre de grandes troncos, quedando habilitado únicamente el Circuito Inferior y los senderos terrestres seguros.
Catorce pasos fronterizos cerrados y rutas cortadas por el desborde de arroyos en Misiones
El espectáculo imponente de los saltos del Iguazú constituye apenas la cara más visible de una emergencia hídrica que golpea de lleno a toda la provincia de Misiones y se extiende por el Litoral argentino. El incremento abrupto en los niveles de los ríos Iguazú, Paraná y Uruguay, sumado a la saturación de los suelos y al desborde de decenas de arroyos interiores, mantiene actualmente catorce pasos fronterizos fluviales completamente cerrados y ocho pasos terrestres afectados por cortes totales o restricciones severas de circulación.
En la zona ribereña de Puerto Iguazú, la altura del río trepó hasta los veintiocho metros, obligando a suspender por completo el servicio de balsas y el cruce fluvial internacional, mientras que en la localidad de Comandante Andresito el río Iguazú Superior alcanzó los ocho metros con tendencia creciente. Tierra adentro, el colapso de los drenajes naturales fragmentó la conectividad vial en numerosos municipios misioneros: el desborde del arroyo Piray Miní interrumpió la conexión entre Eldorado y el área rural de Colonia Victoria, en tanto que sobre la Ruta Provincial 2, a la altura de Alba Posse, las autoridades debieron cortar el tránsito general sobre el puente alternativo del arroyo Pindaytí, permitiendo únicamente el paso de ambulancias y vehículos de emergencia. En Jardín América, sobre la Ruta Provincial 7, la circulación por el puente del arroyo Tabay a la altura de Colonia Flora solo pudo rehabilitarse bajo un estricto límite de peso para unidades de hasta veinte toneladas.

Despliegue de asistencia en zonas anegadas del Litoral argentino ante el avance de las crecidas sobre caminos y viviendas.
Para contener el impacto social de las inundaciones, la Policía de Misiones desplegó el personal de sus quince unidades regionales en operativos permanentes de monitoreo, control de rutas anegadas y evacuación preventiva de familias ribereñas, quienes debieron ser trasladadas hacia viviendas de parientes, salones comunitarios y las instalaciones de un antiguo hospital acondicionado como centro de refugio. Al mismo tiempo, las provincias de Corrientes y Chaco enfrentan complicaciones similares por el avance simultáneo de las aguas en las cuencas del Paraná y del Uruguay, obligando a extremar las alertas meteorológicas en todo el corredor mesopotámico.
Alerta mundial desde Ginebra: un calentamiento de 3,8 grados sin precedentes en los registros
Lo que hoy padecen las poblaciones ribereñas del noreste argentino coincide de manera exacta con el dramático llamado de atención lanzado en Ginebra por la Organización de las Naciones Unidas. La secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la reconocida meteoróloga argentina Celeste Saulo, encabezó una conferencia de prensa junto al jefe de operaciones humanitarias de la ONU, Tom Fletcher, en la que advirtieron que el actual episodio de El Niño alcanzará hacia finales de 2026 una intensidad sin precedentes históricos, ubicándose literalmente «fuera de las escalas de seguimiento» conocidas hasta el presente.
De acuerdo con la última evaluación científica de la OMM, el calentamiento de las aguas superficiales en el centro y el este del océano Pacífico ecuatorial provocará entre los meses de noviembre y enero una anomalía térmica de 3,8 grados centígrados por encima del promedio histórico. Celeste Saulo explicó la dimensión extraordinaria de ese dato: jamás en la historia de los registros meteorológicos modernos se había medido un valor de 3,8 grados por encima de la media. Incluso durante los episodios más severos de décadas pasadas, los termómetros oceánicos se habían mantenido cerca de los tres grados, desencadenando aun así graves desastres climáticos globales. Al superar ese umbral, el fenómeno actual ingresa en un terreno estadístico desconocido cuyas repercusiones se extenderán mucho más allá del cierre de este año.
Desde la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), Tom Fletcher definió este ciclo como un fenómeno colosal y una verdadera fuerza destructiva que impactará de lleno sobre América Latina, Asia, el Pacífico y el continente africano, generando choques económicos, pérdida de cosechas y desplazamientos forzados de población. Pese a que el organismo internacional ya desbloqueó más de cincuenta millones de dólares de su fondo de emergencia para asistir a once naciones en primera línea de vulnerabilidad, el mensaje de los científicos liderados por Saulo apunta a cambiar la lógica de respuesta de los Estados: resulta imperioso invertir en infraestructura preventiva y sistemas de alerta temprana antes de que se produzcan los desbordes, y no cuando el agua ya ha arrasado los puentes y los hogares.









