
La biografía Brady: An American Story and the Price of Greatness, del periodista Lars Anderson, que se publica este martes 29 de septiembre, revela por primera vez con detalle cómo se fue desarmando el matrimonio de 13 años entre el legendario quarterback de la NFL Tom Brady y la supermodelo brasileña Gisele Bündchen. El divorcio se formalizó el 28 de octubre de 2022, pero según el libro, el conflicto venía gestándose desde mucho antes y giraba en torno a una pregunta recurrente: ¿cuándo iba a dejar Brady de jugar para priorizar a su familia?
Brady y Bündchen se casaron en 2009. Tuvieron dos hijos, Benjamin y Vivian, y ella también participó activamente en la crianza de Jack, el hijo que el deportista había tenido con la actriz Bridget Moynahan. Durante años la relación se presentó como un modelo de éxito: él, el más ganador de la historia de la NFL; ella, una de las modelos más influyentes del mundo. Sin embargo, la exigencia del calendario deportivo y la dedicación casi obsesiva de Brady al fútbol americano generaron una tensión constante.
El libro señala que la presión de Bündchen para que su marido se retirara se hizo explícita en febrero de 2017, después de que los New England Patriots remontaran un histórico Super Bowl ante los Atlanta Falcons. Minutos después del partido, ella entró al campo con los niños y le preguntó si ese era el momento de colgar los botines. Brady evitó responder. Más tarde, durante la celebración, insistió. Él contestó con una frase que, según Anderson, resume el choque de prioridades: “Qué pena, amor. Me estoy divirtiendo demasiado ahora mismo”.
Semanas después, Bündchen intentó que un viejo compañero de Brady en Michigan, Jay Feely, interviniera. Le pidió que presentara el retiro como la decisión de liderazgo más importante de su vida, orientada a la familia. Feely, sin embargo, le aconsejó a Brady que jugara todo el tiempo que quisiera. La diferencia de visiones quedó marcada.
En 2018, tras la derrota en el Super Bowl ante los Philadelphia Eagles, Bündchen le escribió una carta manuscrita. En ella le planteaba que el matrimonio no funcionaba y le pedía más tiempo, más presencia en casa, más ayuda con los hijos y espacio para su propia carrera. Brady guardó esa carta en un cajón y, según el relato, la releía en las noches de reflexión como recordatorio de que debía invertir en su relación la misma intensidad que en el deporte.
Un excompañero citado en el libro resumió una asimetría que pesaba: Gisele era una estrella internacional de mayor peso que Brady en el mundo de la moda y se estaba cansando de vivir según el calendario de la NFL y de quedar un poco a su sombra durante la temporada.
En 2020 la familia se mudó a Florida cuando Brady firmó con los Tampa Bay Buccaneers. Bündchen decidió educar en casa a los chicos porque consideraba que un nuevo colegio implicaba demasiados cambios y porque, según ella, “solo íbamos a quedarnos un año”.
Brady anunció su retiro el 1 de febrero de 2022, tras 22 temporadas. Durante nueve días evaluó la decisión y, de acuerdo con el libro, se sentía 55% inclinado a dejarlo y 45% a continuar. El 13 de marzo revirtió el anuncio y confirmó que volvería por una temporada más. “Me di cuenta de que mi lugar sigue estando en el campo y no en las tribunas”, declaró entonces. Bündchen lo respaldó públicamente, aunque matizó su visión de las relaciones: “Cuando amás a alguien, no lo encerrás. Lo dejás libre para que sea quien es”.
El regreso, sin embargo, coincidió con un deterioro visible. Compañeros y entrenadores notaron que Brady había perdido cerca de nueve kilos. El entonces head coach Bruce Arians lo atribuyó al estrés por problemas personales. En julio, durante un entrenamiento, el center Ryan Jensen se lesionó la rodilla. Brady lo asistió y luego se alejó del grupo, visiblemente afectado. A fines de agosto pidió por primera vez en su carrera una licencia prolongada. Pasó 11 días fuera del equipo y viajó a un resort privado en Bahamas con Bündchen para intentar recomponer el vínculo. No alcanzó.
Según testimonios recogidos por Anderson, en una de las conversaciones habituales por videollamada ella le dijo: “No somos compatibles”. Ahí se terminó.
El divorcio se resolvió de manera rápida en Florida gracias a un acuerdo prenupcial firmado antes del matrimonio y actualizado poco antes de la ruptura. El patrimonio conjunto se estimaba en unos 730 millones de dólares. Bündchen conservó intacta su fortuna personal, valuada en alrededor de 400 millones, y Brady los suyos, cercanos a 333 millones. La división se centró en las propiedades compartidas: él se quedó con una residencia en construcción en Indian Creek Island valuada en 17 millones y ella mantuvo la casa familiar de Costa Rica y una vivienda en Florida.
En febrero de 2025 Bündchen tuvo su tercer hijo, el primero con Joaquim Valente, su pareja y antiguo instructor de jiu-jitsu. Un allegado de Brady aseguró que el exjugador se sintió afectado. Más de un mes después del nacimiento, Brady publicó en Instagram una foto lanzando un balón al atardecer con la frase “Amor verdadero”. Algunos interpretaron el posteo como una respuesta sutil.
La biografía de Anderson no solo narra el final de una de las parejas más mediáticas del deporte y la moda. Muestra el costo personal que puede tener la búsqueda de la grandeza cuando el calendario profesional entra en conflicto con la vida familiar. Brady construyó una carrera histórica. Gisele construyó la suya. Al final, los caminos se separaron con tres palabras que, según el libro, cerraron 13 años de matrimonio: “No somos compatibles”.









