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WASHINGTON — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está preparando una reunión importante con el líder chino Xi Jinping en septiembre para impulsar una presión global más fuerte contra Irán. El objetivo es cortar el apoyo económico que mantiene en pie al gobierno iraní, especialmente los negocios secretos de petróleo y las inversiones que le aporta China.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció recientemente un nuevo paquete de sanciones. Estados Unidos va a apuntar a cualquier país que siga comerciando con Irán. Bessent dijo que las medidas se van a aplicar de a poco y que no van a tratar diferente a los aliados que a otras naciones. “Nuestro objetivo en todo el mundo es cortar cada línea de vida económica que sostenga a este régimen tiránico hasta que Teherán quede completamente aislado”, afirmó. Agregó que cualquier relación económica con Irán va a exponer a los involucrados a todo el poder de Estados Unidos.
Irán actualmente comercia con varios países que son socios de Estados Unidos, entre ellos Qatar, Turquía, India y Pakistán. Washington espera que estas naciones reduzcan o limiten sus negocios con Teherán. Sin embargo, no va a ser fácil. Esos países ganan plata con el comercio, y Estados Unidos ya dijo que no va a ofrecer ninguna compensación financiera si pierden ingresos. Irán también amenazó con atacar a cualquier país que se sume a las nuevas sanciones. Por estos riesgos, los funcionarios estadounidenses planean conversaciones privadas con cada gobierno para buscar soluciones particulares.
El mayor desafío para Trump es China. Pekín viene apoyando a Irán desde hace años a pesar de las sanciones de Estados Unidos y Europa. China compra grandes cantidades de petróleo iraní a precios rebajados. A cambio, invierte en infraestructura iraní como ferrocarriles, rutas, puertos y fábricas. Estos acuerdos ayudan a Irán a mantener su economía más estable y a financiar su aparato militar y otras actividades. Los dos países también usan monedas alternativas o sistemas de trueque para eludir los controles financieros de Estados Unidos.
Un acuerdo secreto entre Pekín y Teherán permitió que este comercio continúe durante años. Las compras chinas de petróleo iraní le aportan a la gobierno iraní la divisa extranjera que necesita. Sin este apoyo, la economía de Irán enfrentaría dificultades mucho mayores.
Trump y Xi tienen previsto reunirse en la Casa Blanca el 24 de septiembre. En la agenda bilateral va a estar la discusión de los vínculos comerciales de China con Irán. Los funcionarios estadounidenses esperan convencer a Xi de que reduzca o detenga las compras de petróleo y las inversiones relacionadas. Sin embargo, muchos en Washington dudan de que China cambie de posición. Xi respaldó consistentemente a Irán, y los expertos dicen que es poco probable que dé marcha atrás durante la cumbre.
Hasta ahora, el Tesoro de Estados Unidos solo sancionó a refinerías chinas más chicas. Evitó apuntar a las grandes instituciones financieras chinas que están estrechamente ligadas al gobierno de Xi. Bessent insistió en que “nadie está fuera del alcance de las sanciones estadounidenses”, pero la verdadera prueba va a llegar cuando Trump se siente con Xi.
La estrategia apunta a aumentar el dolor económico sobre Irán y forzar un mayor aislamiento. Los funcionarios estadounidenses creen que cortar las fuentes de ingresos podría debilitar al liderazgo iraní. Al mismo tiempo, el enfoque trae riesgos. Presionar demasiado a China podría tensionar aún más la ya compleja relación entre Washington y Pekín. Las negociaciones con otros socios comerciales de Irán también pueden resultar difíciles y llevar mucho tiempo.
A medida que se acerca la cumbre de septiembre, la atención en Washington está puesta en si Trump puede conseguir algún compromiso significativo de Xi. El resultado podría definir la efectividad de la campaña más amplia para aislar a Irán. Por ahora, el éxito del plan sigue siendo incierto, especialmente respecto al rol de China como el socio económico más importante de Irán.
Las próximas semanas van a mostrar hasta dónde está dispuesto a llegar Estados Unidos y si China está preparada para ajustar su apoyo de larga data a Teherán.









