
La vulnerabilidad infantil sigue siendo el principal objetivo de las redes de trata, que operan desde las sombras aprovechando la falta de contención social y familiar.
La trata de personas y la explotación infantil representan una de las caras más oscuras y dolorosas del crimen organizado contemporáneo. Lejos de ser un flagelo erradicado, esta forma de esclavitud moderna se ha transformado, adaptando sus métodos a las nuevas tecnologías y aprovechando las profundas grietas de vulnerabilidad socioeconómica que atraviesan a la República Argentina. Un reciente informe elaborado por la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX) ha encendido todas las alarmas institucionales al revelar cifras estremecedoras sobre la cantidad de víctimas, especialmente menores de edad, que caen en las redes de este negocio ilícito.
Hablar de trata de personas en la actualidad no es referirse únicamente a los históricos secuestros en la vía pública, un mito que muchas veces distorsiona la comprensión real del problema. Hoy, las redes de explotación operan a través del engaño, la manipulación psicológica, las falsas ofertas laborales y, de manera cada vez más preocupante, a través del entorno digital. El Estado argentino se enfrenta al enorme desafío de desarticular organizaciones criminales que son ágiles, transnacionales y que, en muchas ocasiones, logran operar con alarmante impunidad.
Los datos del horror: la Línea 145 como termómetro de la crisis
El andamiaje de denuncias en Argentina tiene un pilar fundamental: la Línea 145, un canal nacional, gratuito y anónimo para denunciar delitos de trata. Según los datos oficiales procesados por PROTEX correspondientes al año 2025, el volumen de actividad es abrumador. Durante ese período, se registraron más de 2.200 denuncias a nivel nacional, lo que demuestra no solo la persistencia del delito, sino también una mayor concienciación ciudadana a la hora de reportar situaciones sospechosas.
Sin embargo, el dato más desgarrador del informe radica en la participación de menores. De ese total de denuncias, 716 correspondieron a situaciones que involucraban directamente a niñas, niños y adolescentes. Tras el avance de las investigaciones preliminares, la justicia logró identificar a 133 víctimas menores de edad (87 niñas, 37 niños y 9 sin especificación de género). Estas cifras no son simples estadísticas frías; representan infancias interrumpidas, traumas irreversibles y vidas sometidas a explotación laboral, sexual, matrimonios forzados y reducción a la servidumbre.

Datos oficiales del informe de PROTEX que detallan el volumen de denuncias, las sentencias dictadas y las modalidades de explotación registradas en todo el país.
La mutación del delito: el grooming y la explotación digital
Uno de los aportes más valiosos y a la vez más preocupantes del último diagnóstico institucional es la confirmación de que el ecosistema digital se ha convertido en el principal terreno de caza para los explotadores. Las redes sociales, los foros de videojuegos y las plataformas de mensajería instantánea ofrecen a los criminales un acceso directo, anónimo y masivo a millones de niños y adolescentes.
El informe detalla que se recibieron 41 denuncias específicas por producción y distribución de material de abuso o explotación sexual infantil, y otras 18 denuncias vinculadas exclusivamente al delito de grooming (el acoso y manipulación de un menor a través de internet por parte de un adulto con fines sexuales). Los tratantes ya no necesitan cruzar fronteras físicas para captar a sus víctimas; lo hacen desde la pantalla de un teléfono móvil, ganándose la confianza de los menores, aislándolos de su entorno familiar y sometiéndolos a extorsión. Este cambio de paradigma exige que las fuerzas de seguridad y los operadores judiciales actualicen urgentemente sus herramientas de ciberpatrullaje e inteligencia criminal.
El laberinto judicial y el rol de PROTEX

Los fiscales federales Alejandra Mángano y Marcelo Colombo, cotitulares de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX).
Llevar a los responsables ante la justicia y lograr condenas firmes sigue siendo un proceso arduo y complejo. Las redes de trata suelen contar con protección, recursos económicos y estrategias legales diseñadas para dilatar los procesos. No obstante, el reporte arroja un saldo de 41 sentencias dictadas en el último período evaluado. De este total, se lograron 30 condenas, se dictaron 9 absoluciones y se alcanzaron 6 acuerdos conciliatorios. Entre las víctimas rescatadas en el marco de estas sentencias, 13 eran menores de edad, lo que subraya la importancia vital de llevar los juicios hasta las últimas consecuencias.
En este complejo escenario, el trabajo de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX), encabezada por los fiscales Alejandra Mángano y Marcelo Colombo, resulta indispensable. Este organismo especializado se encarga de unificar criterios, asistir a las fiscalías de todo el país y garantizar que las investigaciones no queden estancadas en meras burocracias locales. Su labor visibiliza un delito que por su propia naturaleza tiende a ocultarse y pone presión sobre el sistema de justicia federal para que actúe con la celeridad que requieren las víctimas.
Un desafío para toda la sociedad
La trata de personas es un delito complejo que se nutre de la desigualdad, la pobreza y la marginación. Las alarmantes cifras expuestas por PROTEX en su último balance son un llamado de atención insoslayable para el Estado argentino. No basta únicamente con fortalecer el accionar punitivo de la justicia o mejorar la capacidad investigativa de las fuerzas de seguridad; es imperativo desarrollar políticas públicas preventivas profundas.
Proteger a las infancias requiere de un esfuerzo coordinado que incluya educación en seguridad digital, fortalecimiento de los lazos comunitarios y, sobre todo, una presencia estatal activa que garantice los derechos básicos de los sectores más vulnerables. Solo a través del compromiso integral de toda la sociedad se podrá poner fin a este aberrante negocio que lucra con la libertad y la dignidad humana.









