
BUENOS AIRES — Un análisis privado difundido esta semana indica que la pobreza en Argentina volvió a subir durante el primer semestre de 2026, alcanzando a aproximadamente 9,4 millones de personas en hogares pobres y poniendo en duda la evolución del nivel de vida bajo la administración del presidente Javier Milei.
El último pronóstico de pobreza de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), elaborado por el economista Martín González-Rozada, estima que la tasa de pobreza promedió el 31,3 por ciento de la población en el semestre marzo-agosto de 2026. Esto marca un aumento de 1,1 puntos porcentuales respecto al 30,2 por ciento registrado en el mismo período de 2025. El informe, que sigue de cerca la metodología del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), se publicó unos diez días antes de las cifras oficiales del gobierno esperadas para el 24 de septiembre.
Según el estudio de la UTDT, los hallazgos se basan en microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC. En las áreas urbanas cubiertas por la encuesta, que representan unos 30 millones de personas, se proyecta que el número de individuos que viven en hogares por debajo de la línea de pobreza es de alrededor de 9,4 millones. La indigencia se mantuvo prácticamente estable en 6,6 por ciento, con una leve baja desde el 6,9 por ciento de un año atrás. Sin embargo, la proporción de personas en situación de pobreza no indigente subió de 23,4 por ciento a 24,8 por ciento, más que compensando la modesta mejora en la categoría extrema e impulsando el aumento general.
En comparación con el semestre inmediatamente anterior, de febrero a julio, la tasa de pobreza general se mantuvo estable en 31,3 por ciento. Una mirada más detallada revela un pequeño cambio: la indigencia se mantuvo sin cambios en 6,6 por ciento, mientras que la pobreza no indigente pasó de 24,6 por ciento a 24,8 por ciento. Los analistas señalan que este patrón sugiere que los beneficios de la desinflación anterior pueden estar desvaneciéndose para los hogares de ingresos bajos y medios.
El costo de la canasta básica total para el Gran Buenos Aires se estimó en 491.082 pesos por adulto equivalente para el semestre, un alza del 34,7 por ciento en comparación con el año anterior. En contraste, los ingresos totales de los hogares crecieron solo alrededor del 25 por ciento en el mismo período. Esta brecha entre el aumento del costo de vida y el crecimiento más lento de los ingresos ayuda a explicar por qué más familias cayeron por debajo del umbral de pobreza a pesar de cierta estabilización en la privación extrema.
Las cifras de la UTDT llegan en medio de advertencias previas de otras instituciones. En agosto, la Universidad Católica Argentina (UCA) informó que la pobreza había aumentado del 26,9 por ciento en el tercer trimestre de 2025 al 30 por ciento en el primer trimestre de 2026, también utilizando un enfoque alineado con el INDEC. Los investigadores de la UCA destacaron que los efectos positivos de la baja de la inflación sobre el poder adquisitivo parecían haberse agotado.
Estos desarrollos presentan un panorama complejo para el gobierno de Milei, que ha priorizado la austeridad fiscal, el ajuste monetario y las reformas estructurales destinadas a reducir la inflación y restaurar la estabilidad macroeconómica. Si bien la inflación se ha desacelerado significativamente desde los picos de años anteriores, las últimas estimaciones privadas sugieren que las mejoras en la estabilidad de precios aún no se han traducido en reducciones generalizadas de la pobreza. Los datos oficiales del INDEC para el primer semestre de 2026 proporcionarán un punto de referencia definitivo cuando se publiquen a fin de mes.
Los economistas que siguen los números enfatizan que las tendencias de pobreza en Argentina siguen estando estrechamente ligadas a los salarios reales, la calidad del empleo y el costo relativo de la canasta básica alimentaria y de consumo total. El análisis de la UTDT subraya que incluso pequeños desfases en el crecimiento de los ingresos respecto a la inflación de la canasta pueden empujar a cientos de miles de personas por debajo de la línea de pobreza.
Mientras el país espera las estadísticas oficiales, los pronósticos privados sirven como un indicador temprano de que las condiciones sociales requieren atención continua. Los responsables de las políticas enfrentan el doble desafío de consolidar la desinflación y al mismo tiempo garantizar que la recuperación de los ingresos siga el ritmo del costo de los bienes y servicios esenciales. Para millones de familias argentinas, la próxima publicación oficial aclarará si el reciente repunte de la pobreza es una fluctuación temporal o una tendencia más persistente.
Se espera que la conversación en torno a estas cifras se intensifique en los próximos días, a medida que tanto funcionarios del gobierno como analistas independientes examinen el conjunto completo de datos. En un país donde las tasas de pobreza han sido durante mucho tiempo una preocupación política y económica central, los números de septiembre tendrán un peso particular para evaluar el impacto social de las políticas económicas actuales.









